SITIO: ¡Tengo sed!

SITIO: ¡Tengo sed! ... Fue el lema de su vida, aprendido de los labios de Cristo, clavado en Cruz, en la tarde dolorosa del Viernes Santo.

SITIO: ¡Tengo sed! ... Fue su lema como apóstol seglar, inscrito en los crucifijos de sus Propagandistas de los Jóvenes de Acción Católica; su lema sacerdotal grabado en el cáliz de su primera misa; su lema de víctima, que le llevó a ofrecerse en inmolación por los hermanos.

SITIO: ¡Tengo sed! ... Sed de almas, como la de Jesús.

Sed de almas de jóvenes; que conocieran y amaran al Señor; que vivieran en Gracia; que sintieran en su espíritu el ansia de santidad y la fiebre del apostolado.

Sed de almas de sacerdotes; santos, entregados a Cristo y al pastoreo de sus ovejas; castos, obedientes, desprendidos; ministros de la palabra, la reconciliación y la eucaristía.

Sed de almas dolientes y generosas que busquen «la unión con Cristo a través del dolor», tema elegido por él para su trabajo en el Seminario.

SITIO: ¡Tengo sed! ... Sed abrasadora, creciente, universal, como la de Jesús.

Sed de que cada Centro de Juventud fuera «una fragua parroquial de muchachos ardientes».

Sed de que España y los pueblos hispanos, fieles a su vocación evangelizadora, fuera de verdad auténtica «Vanguardia de Cristiandad».

Sed de que se hiciera realidad el sueño de aquel Papa, Pío XI: «Una Cristiandad ejemplo y guía para el mundo profundamente enfermo».

SITIO: ¡Tengo sed! ... Como la de Jesús.

Su figura, su vida y su sed de almas se ofrecen a nuestro mundo como modelo y ejemplo de apóstol de Cristo. Pueden ser para nosotros ejemplo y llamada.

«Es conveniente dar a conocer el bien, que tanto abunda y del que tan poco se sabe, para contrarrestar la difusión del mal, que tanto ruido hace. Y el bien tiene, muchas veces nombres y apellidos, muchos nombres y apellidos. ¿Por qué no propagarlos?» ... Y uno de ellos el de Manuel Aparici, escribe en el Diario YA Juan Abarca del 26 de julio de 1994:

«Puedo destacar –afirma José Díaz Rincón– que en mis 65 años no he tratado a nadie con una personalidad humana y cristiana tan colosal y completa como la de D. Manuel … Era educadísimo, cortés, caritativo, generoso, alegre, elegante, siempre te escuchaba, con él te sentías comprendido, para él tú eras lo más importante, no tenía acepción de personas … Con él cualquiera se encontraba a gusto, inspiraba confianza, te sentías querido … Rezumaba fe–esperanza–caridad en todo momento … Para sacrificarse estaba siempre el primero … ».

Nos brindó el ejemplo –casi heroico– de un vigoroso e infatigable apóstol. Fue un hombre gigante, indiscutible. Envolvía una personalidad asombrosa en pura traza paulina. Modelo de apóstol seglar y de sacerdote con alma eternamente juvenil, con inagotables afanes de conquista, con arrebatadora y contagiosa ambición de santidad y una historia única en sacrificios, entusiasmos e iniciativas por la Obra. Muchos jóvenes pueden decir bien alto que son cristianos por la gracia de Dios y por la palabra de Manuel Aparici.

El Papa, ahora Juan Pablo II, nos está convocando a una nueva evangelización. Una evangelización que –nos dice– ha de ser nueva en sus métodos, nueva en su ardor, nueva en su expresión.

¿No será que nos está faltando en nuestras vidas el lema de Manuel Aparici: SITIO: ¡Tengo sed! ... Una sed como la de Jesús.

¡Cuánto bien podría hacer a la Iglesia de hoy su ejemplo!

 

Peregrinar es caminar por Cristo al Padre, a impulsos del Espíritu Santo, con la ayuda de María y llevando consigo a los hermanos".

 

Manuel Aparici.

Este sitio se actualizó por última vez el 15 de mayo de 2009

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