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VOCACIÓN Y MINISTERIO SACERDOTAL

(1941 – 1959)

 

HOMENAJE A LOS MÁRTIRES DE LA

JUVENTUD DE ACCIÓN CATÓLICA

Dedicar unas breves palabras a los mártires es obligado dado que, por un lado, Manuel Aparici presidió la época martirial de la Juventud de Acción Católica –indígnamente dice– y, por otro, los actos de homenaje tuvieron lugar siendo él Consiliario Nacional.

Finalizada la guerra, el 20 de junio de 1942, el Papa Pío XII firmaba así al pie de una foto suya:  «A los Jóvenes de Acción Católica de España que ayer supieron sellar su fe con la sangre generosa de sus héroes y hoy han mostrado su ardiente celo apostólico con las vocaciones ofrecidas al santuario ... otorgamos de todo corazón, prenda de gracias siempre crecientes, nuestra bendición apostólica».

Se consideraba administrador de la sangre de España. ¿Por qué? La clave nos la da en lo que nos ha dejado escrito en su Diario.

«¡Gracias, Señor! –escribe– Que un ministro tuyo [que no cita] me ha dicho, en tu nombre, que soy el administrador de la sangre de España».

Y se pregunta si podrá ser administrador de la sangre de los mártires si no mezcla la suya a la de ellos.

«Cada día cobra más fuerza en mi espíritu la idea de sufrir. No puedo administrar la sangre de mis hermanos de Obra sin mezclar con ella las pequeñas gotas de mis insignificantes sacrificios. Ayúdame, Señor y Dios mío, a concrucificarme contigo en la cruz»; anhelo éste permanente y el Señor le tomó la palabra.

Años después anota: « ... Pocos habrán mencionado tanto o más que yo a los mártires ... Ellos han marcado la talla, quien no se apreste a darla que se retire; las almas hay que ganarlas con la sangre del sacrificio: Jesús nos ganó coronándose de espinas, macerando su carne con azotes, vistiéndose la púrpura de las humillaciones, los oprobios y la ignominia, atándose las manos con su caridad, empuñando el cetro de la mansedumbre y la misericordia. El Espíritu lo dice por boca de Pilatos: ¡Cristianos!: He aquí vuestro Rey. Y ¿querremos nosotros, sus soldados, ganarle almas coronándonos de flores, vistiéndonos de honores y sensualidades, con las manos sueltas para el placer y con el cetro del egoísmo, la soberbia y la ira?

»Hice un voto de víctima en el que prometía buscar siempre la cruz; todos los días lo rezo y mi única jaculatoria es: “Oh Madre alcánzame la gracia de vivir crucificado”».

A primeros de mayo de 1950 [201], siendo Manuel Aparici estudiante en Salamanca, sacerdote pero no Consiliario Nacional, si bien ya tenía indicación de sus superiores de terminar cuanto antes sus estudios, se descubría en la Sala de Juntas del Consejo Superior de los Jóvenes de Acción Católica una lápida en memoria de los veintiún mártires miembros del mismo: Cuatro Consejeros, ocho Decanos, ocho Propagandistas y un Vocal.

Se cumplía así el acuerdo que once años atrás se había tomado –cuando él era Presidente Nacional– de erigir esta lápida que recordara el sacrificio y el altísimo ejemplo que dieron los 7.000 mártires.

Muchas fueron las personalidades que asistieron al acto [202]. Se celebró en primer lugar, un acto eucarístico en la capilla del Consejo, oficiado por Mons. Vizcarra. Seguidamente comenzó el acto bajo la presidencia del Cardenal Primado de España, Mons. Pla y Deniel, Mons. Vizcarra, Obispo Consiliario de la Acción Católica, D. Alberto Bonet Bonet, Secretario de la Dirección Central de la Acción Católica, y el Presidente Nacional de los Jóvenes de Acción Católica D. Enrique Pastor.

Evocó en sentidas palabras el recuerdo de aquellos 21 jóvenes cuyos nombres se han inscrito en la lápida, y con la mayoría de los cuales convivió. Puso de relieve el sacrificio realizado por aquella juventud triunfante y destacó el espíritu de comunidad mística que ha hecho posible la existencia de la Asociación.

« ... Aunque hace once años que se tomó el acuerdo de erigir una lápida en memoria de los mártires en el salón de sesiones del Consejo, el Señor ha querido que ninguno de los que convivimos físicamente con ellos lo cumpliéramos. Y ha sido precisamente esta generación de jóvenes dirigentes, de los que ninguno ha pasado por los azares de la “checa” y de la trinchera, la que ha dado cumplimiento a aquel acuerdo, ya que se consideran fruto de aquella sangre generosa e hijos de la caridad ardiente con que sus hermanos mayores de Obra dieron su vida a Cristo porque su Reino se extendiera en la juventud de España. Homenaje al cual nos asociamos los que con ellos convivimos físicamente, ya que hay un entrañamiento mutuo con los mártires. Ellos, que en su amor por las almas supieron dar su vida que la rindieron en un acto de caridad perfecta, siguen teniéndonos abrazados en el cielo ... Ellos nos llevan en su alma, pero nosotros los llevamos en la nuestra.

»Ya al despedirme de la Juventud para entrar en el Seminario, me hizo decir el Señor que el viento potente del Espíritu Santo de que hablaba Su Santidad Pío XI había hecho entrar nuestra Obra en punta de vanguardia en el santuario del cielo con los mártires y en el santuario de la tierra con las vocaciones sacerdotales.

»Ellos, los mártires, son nuestro estímulo, nuestro ejemplo. Supieron con su sangre escribir el lema perenne de nuestra Asociación: “Una obra de Dios no muere cuando ha encontrado un hombre que quiere morir por ella”. Eso hicieron ellos ...

»Pero no nos detengamos sólo en sus vidas. Ellos fueron aso-ciados, como Su Santidad Pío XII, felizmente reinante, decía en la “Mystici Corporis Christi”, a la obra redentora de Cristo.

»Como el Apóstol, completaron en su carne lo que le faltaba a la Pasión de Cristo por el cuerpo de Él, que éramos nosotros ... Vivamos, sí, en unión con nuestros mártires. A través de ellos entremos en nuestra fe, en el santuario de los cielos; pero tengamos también comunión con los mártires del momento presente, siendo testigos también de Cristo. Eso significa mártir; que muere testigo de la verdad. Y a eso nos ha llamado la Iglesia. A esa misión nos asocia Jesucristo: atestiguar la verdad, a morir todos los días al hombre viejo para que viviendo más y más Cristo en nuestro corazón a través de nuestras obras y de nuestras palabras, se vaya extendiendo por toda la sociedad, viviendo aquella hermandad que le hacía exclamar al real profeta: “¡Oh cuán alegre es ver a los hermanos en unión!; es como el rocío que desciende del Hermón, como el ungüento bueno que desciende desde la cabeza por la barba hasta el gorjal de la vestidura”. Hermandad de los fieles en la Acción Católica y en la Iglesia. Ungüento bueno y rocío de la gracia que desciende desde la cabeza del Pontífice, a través de nuestra amadísima Jerarquía, para llegar por el cuerpo sacerdotal a los seglares de la Acción Católica y a través de ellos, difundirse en todos los ambientes de la sociedad.

»Esto nos dicen los mártires ...

»Y en su nombre yo, que por hacer en lo que de mí dependiera fecunda la sangre de los hermanos me entregué al Señor que me llamaba al sacerdocio, os pido a todos, antiguos miembros del Consejo Superior, familiares de los mártires, actuales dirigentes, que, invocando la intercesión de los mártires, sepamos vivir el lema suyo: “Una obra de Dios no muere cuando ha encontrado un alma que quiere morir por ella”».

Un año después tenía lugar el homenaje nacional a Antonio Rivera, «el Ángel del Alcázar», y a todos los mártires. En él participó también Manuel Aparici; ya era Consiliario Nacional [203].

« ... Si lo centramos en Antonio Rivera –dijo– es porque plugo a la Providencia ponerle en lo alto del candelero. Acerquémonos a la figura de los mártires y aprendamos de ellos

»... Es menester que invoquemos a los mártires y que pidamos que sean glorificados. No nos dejemos ganar por el desaliento. Yo recibí personalmente las confidencias de más de 2.000 de ellos. Nuestros poderes son los mártires y las vocaciones. ¿Ha fracasado la Acción Católica? Sí, como Cristo fracasó en la Cruz ... ¿Juráis hoy, día del homenaje nacional a Antonio Rivera, invocar la sangre de los mártires? ¿Juráis mantener en vuestra vida el poder de la sangre de los mártires? ¿Juráis tener en el corazón, en la memoria, en la conducta y en la vida a los mártires para poder tenerles también en la boca? En nombre de Cristo, con los brazos en cruz, vamos a pedir al cielo la glorificación de nuestros mártires».

«Urge, pues, amados jóvenes de Acción Católica, que pongamos nuestra vista en los mártires».

«D. Manuel –¡es el Aparici del 36!, dijo alguien a nuestro lado al oírle– nos electrizó pidiéndonos juramento de defender y fecundar la sangre de los mártires ...» [204].

Un mes después, el 2 de junio de 1951, SIGNO publicaba un artículo de Manuel Aparici bajo el título «Que lo sepan todos». En él da a conocer a los jóvenes la promesa que entonces hizo aquella Juventud de recoger la sangre de los mártires y de hacerla fecunda.

«Si vivo, no cejaré en este empeño después de la guerra. Si muero, encargo a todos los jóvenes de Acción Católica que recojan mi sangre y la hagan fecunda. Que lo sepan todos ...

»Esta es la limpísima ejecutoria de amor a la España de Cristo de los Jóvenes de la Acción Católica Española ...

»Sólo estos dos hechos aducimos, porque ambos, muerte física, de mártir, o mística, de sacerdote, son invariables, como la verdad que informa la vida de la Juventud de Acción Católica.

»Y es menester recordar esta limpísima ejecutoria de caridad heroica para con Dios y con la Patria ...

»No se turben e inquieten los Jóvenes de Acción Católica. Nuestra fuerza no viene de los hombres, sino de Dios ...

»No es el juicio de los hombres, sino el de Dios y el de sus legítimos representantes, el que debe preocuparnos. Y a Dios, al Papa y a nuestros Obispos les hemos prometido hace ya largos años cooperar con la divina gracia a hacer de nuestra amada Patria la Vanguardia de aquella Cristiandad ... Y sírvanos los acontecimientos de estos días, sus comentarios y sus causas, que no son precisamente índice del pronto advenimiento de la Cristiandad, de acicate para proseguir, con la gracia de Dios, en el empeño apostólico de restaurar en Cristo todas las cosas de nuestra amada y querida Patria ... ».

[201]  ECCLESIA Y SIGNO de fecha 6 de mayo de 1950.

[202]  De todas las intervenciones habidas –ciertamente hermosas, por cierto, y de gran contenido– sólo recogemos las palabras pronunciadas por Manuel Aparici.

[203]  SIGNO de fecha 5 de mayo de 1951 recoge el homenaje en primera página, a toda plana. bajo el título «La Juventud celebra la fiesta de sus mártires».

[204]  SIGNO de fecha 5 de mayo de 1951.

Peregrinar es caminar por Cristo al Padre, a impulsos del Espíritu Santo, con la ayuda de María y llevando consigo a los hermanos".

 

Manuel Aparici.

Este sitio se actualizó por última vez el 15 de mayo de 2009

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