MILAGRO MORAL ALCANZADO POR LA

FE DE PÍO XI QUE CREYÓ EN EL

CORAZÓN DEL JOVEN MANUEL APARICI

 

En este capítulo recogemos parte de un artículo firmado por Manuel Aparici [1], bajo el título: «La Juventud Española, Vanguardia de Cristo», cuando era Presidente Nacional de los Jóvenes de Acción Católica escrito a modo de un sencillo homenaje a S.S. Pío XI, el Papa de la Acción Católica; milagro moral alcanzado por la fe de este Pontífice que creyó en el corazón de los jóvenes, que creyó en el corazón del joven Manuel Aparici, a quien recibiría por segunda vez el 1 de febrero de 1936 en audiencia privada [2].

De él son estos párrafos:

«El “nemo nos conduxit” de la parábola pesaba como una maldición sobre los jóvenes. En la empresa alta y magna del Reino de Dios, en la tarea santa de retornar los hijos al Padre, los jóvenes, los que por definición son ansia, anhelo y ambición de colmar su propia grandeza, no tenían puesto. Eran los inútiles. El liberalismo había roto la Iglesia. A los fieles seglares les había imbuido una actitud pasiva, cuando no los había alejado de ella. Y la juventud refugió su desesperanza, ese ansia de ser y de darse, insatisfecha, en el placer fácil, en la ambición mezquina de resolver su propio problema individual.

»Y un día, como en el Evangelio, cuando ya caía la jornada, cuando las tinieblas del materialismo amenazaban anegarlo todo, salió el Padre de familia a decirnos: “¿Cómo es que estáis aquí ociosos todo el día? ... Id también vosotros a mi Viña”.

»Y surgió la Acción Católica. Los jóvenes ya tenían un puesto y un quehacer. Ya no eran los inútiles. Los que podían perder su tiempo en devaneos y frivolidades. Su tiempo, su generosidad, sus energías, los reclamaba el Padre de familia para la empresa de revivir en Cristo a un mundo agonizante.

»Al conjuro de la voz de Pedro, que llamaba apremiante desde las alturas del Vaticano, se verificó la profecía de la Escritura: “Los huesos dispersos se reunieron y cubrieron de nervios, de músculos y de piel, y desde los cuatro ángulos del horizonte sopló el Espíritu y un gran ejército se puso en pie”. La Juventud de Acción Católica había nacido en todos los países. Milagro moral alcanzado por la fe del Pontífice: S.S. Pío XI creyó en el corazón de los jóvenes. Les expuso, intrépido, los males que acechaban al mundo, y luego les dijo que en sus brazos y su corazón estaba el destino todo de las almas. Y los inútiles de antes, los obreros parados de la Viña del Señor, creyeron en la palabra del Papa y por él y con él empezaron a creer en sí mismos y en la misión que les descubría el Padre de familia.

»Fueron los primeros tiempos de intimidad con el Señor. Un saboreo de Cristo en su doctrina, sus sacramentos y su culto, un gustar de su suavidad, fuerte y viril, para llenarse el alma de aquel afán, de gloria del Padre y paz de los hombres, que puso su corazón en apreturas hasta que pudo mostrarlo hecho llaga de amor en lo alto de la cruz.

»Bajo el cobijo de las vetustas torres parroquiales, con la guía segura de los Obispos y de los sacerdotes, se formó una juventud nueva. Y la juventud de Cristo, la juventud del Papa y de los Obispos, hizo su irrupción en la vida, y el mundo no la comprendió. No podía comprender aquella alegría hecha de claridades de mañana de pascua, que, sin palabras, censuraba la triste alegría de los disolutos y los libertinos.

»Y porque no era del mundo, el mundo la aborreció y fue despreciada y perseguida en todos los países. El desprecio y la persecución la apuró e hizo crecer en quilates, porque “la paciencia perfecciona la obra”; y dio flores de santidad y de martirio y vocaciones tempranas y tardías.

»Así también en nuestra Patria. Fue un abril de 1924 el que vio nacer los primeros Centros Parroquiales de la capital. Al año, el que después sería su primer Presidente trae prendidas en el alma las palabras de fuego del Papa Pío XI, y las vocea por toda la Península. Son los tiempos difíciles de la siembra primera … Había pasado el sembrador de la cizaña, y bajo la paz oficial se incubaba la guerra. La incomprensión, la indiferencia y el recelo rodearon sus primeros pasos. La crisis religiosa, social y política del 31 despertó a los dormidos y aquilató la obra. En el 32 se encaró con España que dio la primera su sangre …» [3].

Bastantes años después, con palabras rotundas, lo diría Su Santidad Juan Pablo II: «Nuevas situaciones, tanto eclesiales como sociales, económicas, políticas y culturales, reclaman hoy, con fuerza muy particular, la acción de los fieles laicos. Si el no comprometerse ha sido siempre algo inaceptable, el tiempo presente lo hace aún más culpable. A nadie le es lícito permanecer ocioso».

Es una nueva invitación a los seglares para que vivan su vocación apostólica en medio del mundo.

¡Cómo nos recuerdan estas palabras del Santo Padre, las que bastantes años antes escribió Manuel Aparici!

[1]  ECCLESIA de fecha 15 de abril de 1941.

[2]  Acompañado de Javier Aznar, Vocal del Consejo Superior, expuso al Santo Padre –siguiendo las indicaciones de la Jerarquía española– el proyecto del Congreso y de una gran peregrinación juvenil de 100.000 jóvenes a Santiago de Compostela en 1937. El solo hecho de proponer a los jóvenes de Acción Católica de la Hispanidad un gran ideal de recristianización sería capaz de vincular en caridad a España con sus veinte hijas. El Papa acogió el proyecto con gran satisfacción, dándoles su bendición más paternal, amplia y generosa para la Peregrinación y el Congreso (Ver Capítulo IX, punto 5).

[3]  C.P., p. 9185.

Peregrinar es caminar por Cristo al Padre, a impulsos del Espíritu Santo, con la ayuda de María y llevando consigo a los hermanos".

 

Manuel Aparici.

Este sitio se actualizó por última vez el 15 de mayo de 2009

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