Y ESTA ES LA RAZÓN QUE TODOS

TENEMOS.

ERES TESTIMONIO EXCEPCIONAL DEL

AMOR INFINITO,OMNIPOTENTE Y

MISERICORDIOSO DE DIOS

 

En carta, sin fecha [1], Sor Carmen Teresa de Jesús (en el mundo Carmen Rivera o Carmelina y en adelante Sor Carmen), su abogada, madrina de oraciones, le dice:

«Y la razón es la que todos tenemos … Eres testimonio excepcional del amor infinito, omnipotente y misericordioso de Dios [2]. Tu apartamiento de esta última etapa una razón más para el caso que vemos.  Ciertamente Dios no necesita de nosotros. Tú lo ves, te lo ha hecho sentir a veces con dolor [3]. Dios nos quiere a nosotros, y para purificarnos, para quemar escoria, nos aparta y nos hace de Él hasta conformarnos con Él … Sólo si nos acercamos a Él, si nos hundimos en Él, le comprenderemos en sus obras en las almas de sus amigos.

»Y esto de que precisamente se les haya ocurrido a los que han sido fruto de ese Amor único, que sean tus muchachos, es una misericordia más, para que no puedas asentarte en el “olvido” de los hermanos de la última etapa.

»Dios te ha hecho sentir la soledad, pero pocas personas han sido tan profundamente queridas como tú. Pocas almas tendrán a tantos tan pendientes de ella como la tuya.

»Yo comprendo que tú no puedas recoger nada, pero en una casa no serán tan difíciles de encontrar las cosas. Si te parecen tonterías mías, pues no me las das a mí, aunque nadie las guardaría con más ilusión.

»¿Tienes confianza en mi hermana? Pues que lo haga ella, que lo guarde quien quieras. En fin, de la forma que te sea más fácil, pero que se recoja todo lo que se pueda de tus escritos espirituales y apostólicos [4].

»No veo más que dos intereses y lo demás no me importa:

»Primero:  En orden a ti.

»Más conforme con tu abandono filial me parece que no des importancia a esto y que “dejes hacer”. En los brazos del Padre, metido en su Amor, pendiente del Amado, ¿me quieres decir qué importa que los pobres hombres que andan por el mundo vean una vez más la Fidelidad y el Amor sobre los hombres?

»¿Pero a ti qué te importa? ¿Pero qué es todo ese poquillo que tú has podido trasladar al papel para darnos gana de algo de acercarnos a Él, comparado con la Realidad Sobrenatural que te llena?

»¡Déjate de bobadas y piensa que una de las maneras del aban-dono es éste: que sepan; que entonces admirarán a Dios y no repararán en ti!

»Segundo:  Razón de apostolado.

1ª.  Para los que lo hagan. Si apenas te conocen estos curas. Si se quedarán absortos al ver lo Fiel que ha sido contigo. ¿Tú sabes qué efecto le haría a José Manuel de Córdoba, a Pepe [José Rivera] y Carlos Castro, a cada uno por una cosa?

2ª.  Ventajas de que escrita por estos llegará a todos los que tú has influido y verán la necesidad de esa actuación del Amor por encima de todos los medios.

»Ahora haz lo que quieras. En realidad para ti no quiero más que el tiempo que vivas te fijes en esta sola postura del Hijo con su Padre … Y cuando llegues al cielo que alcances del Señor un nuevo Pentecostés para todas las almas que unió a ti y entre las que en prime-rísimo lugar me encuentro.

»Según mis “caminos” me alegraría que no dieras importancia a nada, que des graciosamente lo que graciosamente has recibido, y que con la misma paz, sin apartarte para nada de Dios, recibas su Amor cuando piensen unos que estás anticuado, que cuando los otros, ante el temor de perderte, quieran conservar ese testimonio del Amor, la Omnipotencia y la Fidelidad infinitas» [5].

»Por otro lado, Sor Carmen, por carta de 21 de julio de 1989, le decía al Rvdo. José Manuel de Lapuerta y Quintero, Con-siliario de Peregrinos de la Iglesia: «Vi con la mayor alegría que los Peregrinos están ya … tras el asunto de Aparici. Yo quisiera de verdad que el Capitán llegara antes que nadie ». «Siempre le consideré –afirma en su declaración– que llegaría a los altares. Mi hermano José decía que había tratado con tres santos y uno de ellos era Manuel Aparici (los otros dos, nuestro hermano Antonio y el P. Nieto). Después de morir se habla más todavía de su fama de santidad» [6].

 

APÉNDICE A ESTE CAPÍTULO

Sor Carmen es hermana del Rvdo. José Rivera Ramírez, cuyo Proceso diocesano de Canonización se clausuró el día 21 de octubre de 2000, de Antonio Rivera, y de Ana María Rivera, en adelante Pepe o José y Antonio el «Ángel del Alcázar», respectivamente), y Ana María. Su nombre, el de su padre, el Dr. D. José Rivera Lema, y el de sus hermanos aparecerán frecuentemente a lo largo de esta biografía. Los de Sor Carmen y Ana María como testigos y los de los restantes miembros de su familia en sus escritos o en escritos de familiares y amigos.

Manuel Aparici había pensado en José como futuro sucesor suyo en la Consiliaría Nacional, y así se lo había solicitado al Cardenal por si podía concedérselo.

Ana María conoció a la madre de Manuel Aparici, a una hermana de la madre, a su hermana Matilde y a su hermano Rafael. Durante la enfermedad de su madre la visitó muchas veces; incluso Manuel Aparici la llamó en varias ocasiones. Esta confianza que veían con respecto a la familia la consideraban una gracia de Dios, correspondiendo a su llegada con verdadera acogida formando parte del núcleo familiar. Le decía a su padre que se sentía algo suyo, y así obraba, escuchándole con toda atención.

Ofrecemos a continuación cuatro escritos reveladores de cuanto decimos: uno del padre de Sor Carmen a Manuel Aparici, otro de Manuel Aparici al padre de Sor Carmen, un tercero de Manuel Aparici a Carmen (todavía no había entrado en religión) y el último del Rvdo. José Rivera a su amigo Blas Piñar López hablándole de Manuel Aparici:

–  Con fecha 13 de abril de 1948 el padre de Sor Carmen, hablando de sus hijos, le dice a Manuel Aparici:

«Mi querido amigo y capellán:

»Recibí tu carta que verdaderamente me llenó de gozo, pues he visto, por lo que me refieres, que aquella tiara de requisitos indispensables para alcanzar algo del Señor: Sacrificio, mortificación y oración estaban y están en Antonio, Carmelina  y Pepe. El primero por estar ya allí donde él, con toda convicción, dijo que iba, por lo que nos dejó nota clara del poder de esa tiara, y los otros dos por estar preparándose hace ya tiempo, y sin dejar de andarlo, en el camino angostísimo que les lleva a donde es voluntad del Señor que vayan, nos indican que si de Dios queremos ser oídos ha de ser formados en esos requisitos de que Él nos dejó perenne ejemplo en la Pasión que sufrió. Así que yo, que los veo tan en ti copiados, estoy contentísimo con que sean nuestros muchachos y más si atiendo a que en todas las habitaciones de esta casa resuenan constantemente los ecos de aquellas palabras que dejaban traslucir inequívocamente la admiración que por ti sentía el primero y sienten los que en la muerte mística ... y en el martirio lento ... van apartando día a día ... las impurezas que les puedan quedar de su deambular por el mundo.

»Y sentido esto, nada tiene de particular que tú que, a ellos acudes por medio de libros y petición de oraciones, te veas rodeado de esos obsequios que el Señor te hace en las almas de los ejercitantes de ambos sexos, pues ellos, los muchachos nuestros, a Él se lo han pedido para la santidad de su sacerdote y la máxima alegría de haberte entregado todo en todo lo que Él te pide …

»Con todo el afecto de Carmen y Ana María recibe con el agradecimiento de tu bendición un fuerte abrazo de tu siempre buen amigo,

P/S. Ana María está algo molestada con el Sr. Aparici pues dice que ella no es una insignificante en la Acción Católica. Vale».

–  Por su parte, él, ya muy enfermo, escribe con fecha 20 de marzo de 1963 a su buen amigo el Dr. D. José Rivera Lema, del que se consideraba "cuasi” hijo, y le dice:

« ... He leído el original escrito por Córdoba sobre Antonio y me ha complacido mucho al par que me ha hecho bien el volver a recordar su ejemplo.

»A Vds. también, como a la familia de S. Bernardo, se les puede designar como “la familia que alcanzó a Cristo”, pues si Vd. y Dª Carmen colaboraron con el Señor en la santificación de sus hijos, ahora éstos, con las exigencias de sus vocaciones, les santifican a Vds. crucificándoles con la cruz de la soledad, soledad que Él nos elige para poderse dar más totalmente a nosotros sin compañías que dificulten la íntima unión preparatoria de la nueva, íntima, gozosa y eterna del cielo.

»Con todo cariño les bendice a todos su “cuasi” hijo».

–  «Entra a menudo en el cuarto de Antonio –le dice a Carmen Rivera, corría el año 1946 y Manuel Aparici era seminarista– y pídele, en nombre de esa juventud amada de Cristo y por la que él dio su vida, que movilice a todos los hermanos que están junto al Señor, para que nos ayuden».

  En escrito a su amigo Blas Piñar López, de fecha 10 de noviembre de 1967 [7], a sólo tres años del fallecimiento de Manuel Aparici el Rvdo. José Rivera le dice:

«Escribo en nombre de un grupo de personas, amigas de Manuel Aparici … Hemos creído verdaderamente importante, e incluso necesario como respuesta a la gracia que Dios nos concedió de tratarle con cierta intimidad, reunir testimonios acerca de las diversas facetas de su rica personalidad. Pensamos en un futuro trabajo que perpetúe la luz de su doctrina y de su vida. Puesto que “no se enciende una lámpara y se coloca debajo del celemín, sino encima del candelero para que alumbre a todos los que están en la casa” (Mat. 5-15)» .

Para finalizar, el Rvdo. José Manuel de Córdoba cuenta un pasaje que refleja la amistad que hubo entre Manuel Aparici y Antonio Rivera, y lo que aquel influyó en el estilo apostólico y heroico de Antonio, estilo que  pondría triunfalmente a prueba con su muerte.

«Hay una frase que parece vulgar y que pasaría desaper-cibida, pero que oculta la consumación sobrenatural del patriotismo de Antonio Rivera, el sentido sobrenatural de su entrega de la vida por Dios y por España. Son cinco palabras perdidas entre propósitos: “Medita las palabras de Manuel Aparici”. ¿Qué significa esto? Manuel Aparici, su Presidente Nacional, es tal vez el hombre que más directamente ha influido en el espíritu apostólico de Antonio. A éste le parecía el Presidente juvenil ideal y procuraba seguir su ejemplo en la Presidencia de la Juventud toledana; de Manuel Aparici, a quien le unió una amistad espiritual profunda, recibió mucho, tanto en su actividad martirial, de oblación por la Juventud española, como en su Ideal Peregrinante de santidad, camino de Compostela, como  en la teoría de la Acción Católica y su organización, ya que era a través de Manuel Aparici como recibía las vibraciones de la Junta Central de Ángel Herrera y de todo el equipo nacional de la Acción Católica de aquellos días … » [8].

[1]  Por la referencia que hace Sor Carmen en su carta a los «escritos y documentos» estimamos que ésta fue escrita en 1964, pocos meses antes del fallecimiento de Manuel Aparici, porque luego él en sus cartas a Sor Carmen de fechas 14 y 24 de agosto de 1964 hace también mención a los mismos. Fue su director espiritual incluso estando ya muy enfermo.

[2]  «Hay que dejarse amar de Dios –decía Manuel Aparici–. Hay que pensar más en el amor de Dios a mí que en el mío a Él» (Mons. Jesús Espinosa Rodríguez).

[3]  «Ahora, con el Redentor, con el Verbo hecho carne, con Jesucristo Nuestro Señor, el dolor ya no es maldición sino bendición –escribe Manuel Aparici–, es la mejor medicina del pecado y el mejor medio para alcanzar la Bienaventuranza que esencialmente consiste en la alabanza y glorificación de Dios en, con y por Jesucristo Nuestro Señor» (Informe de los Peritos Teólogos).

[4] La correspondencia cruzada entre Sor Carmen y Manuel Aparici, particularmente durante la larga y penosa enfermedad de éste –y que ha llegado hasta nosotros–,  arroja una gran luz sobre la última etapa de su vida: la «etapa de victimación». Es un bellísimo testimonio de amor, de celo sacerdotal, etc. Nos muestra su grandeza de alma, la plena aceptación gozosa de la voluntad de Dios, sus inquietudes y afanes apostólicos en horas tan difíciles, su entrega generosa en todo momento, etc. Recibía, entre otros, a personas muy cualificadas de la Acción Católica y a antiguos políticos que habían pertenecido a ella, etc. Revisaba guiones, preparaba Ejercicios, retiros, etc., dirigía a jóvenes, sacerdotes y religiosas, era confesor y director espiritual de altas personalidades, siendo una de ellas D. Alberto Martín Artajo, entonces ministro de Asuntos Exteriores, hacía Ejercicios Espirituales, le pedían y pedía consejos, etc. Mientras pudo siguió ejerciendo su ministerio sacerdotal.

Sor Carmen trataba por todos los medios que sus escritos, documentos, etc. no se perdieran. Se los pedía una y otra vez hasta que lo consiguió. Éste se resistía: porque, decía, “me parece contrario a la voluntad divina, pues si Él ha querido para mí esta última etapa, así debe quedar: humilde y escondida”. Pero su estado no mejoraba, por el contrario empeoraba y pocos días antes de su muerte accedió a los deseos de Sor Carmen. Estando enfermo fue director espiritual de Sor Carmen.

Veintitrés años antes de su fallecimiento, el 10 de marzo de 1941, (todavía no había entrado en el Seminario) anotaba en su Diario: «Formulé propósito de llevarle a mi director espiritual todos mis cuadernos y notas para que vea si los debo quemar. Me asusta la vanidad de ultratumba».

Sin embargo, sus escritos y libros y algunos objetos piadosos fueron depositados por sus familiares en el Monasterio de Religiosas Franciscanas Clarisas, Descalzas Reales, de Madrid. Éstas hicieron entrega de los mismos a la Diócesis en la persona de su Obispo Auxiliar, Mons. Ricardo Blanco, quien, a su vez, en ese mismo acto los entregó al Grupo de Peregrinos, hoy Peregrinos de la Iglesia, donde veían el espíritu de Manuel Aparici por doquier.

[5]  C.P., pp. 8879/8882.

Todo hace pensar que llevaba ya bastante tiempo gravemente enfermo.

[6]  Mons. Maximino Romero de Lema estima que la fama de santidad tiene fundamento sólido; opinión ésta que comparten también otras muchas personas, testigos y no testigos. Y esta fama de santidad la tenía tanto en vida como a la hora de la muerte y después de su muerte.

[7]  Aunque este escrito lleva fecha del 10 de noviembre de 1967 no se conoció hasta mucho años después. Fue presentado por el testigo en su declaración el 21 de mayo de 1997. Tres años antes, julio de 1994, se abría el proceso diocesano y  este pasaje del Evangelio de San Mateo fue la segunda lectura que se leyó. ¿Coincidencia?

[8]  C.P., p. 9403.

   

Peregrinar es caminar por Cristo al Padre, a impulsos del Espíritu Santo, con la ayuda de María y llevando consigo a los hermanos".

 

Manuel Aparici.

Este sitio se actualizó por última vez el 15 de mayo de 2009

Contador de visitas a la página