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VOCACIÓN Y MINISTERIO SACERDOTAL

(1941 – 1959)

 

SACERDOTES Y SEMINARISTAS:

SU GRAN PASIÓN 

¡Cuánto celo puso siempre por la santificación de los sacerdotes  y de los seminaristas ... Su gran pasión!

«Ahora aprovecho esta felicitación de Pascua [en el horizonte de 1956] para darte que hacer a ti que tanto celo has puesto siempre por la santificación de los sacerdotes ... », le dice el Rvdo. José Manuel de Córdoba [166]. « ... Su pasión –asegura por su parte el Rvdo. Manuel Pérez Barreiro– éramos los sacerdotes. Él se cuidaba [era entonces estudiante en Salamanca] de que tuviéramos retiros mensuales, Ejercicios Espirituales anuales. Los paseos con él, las peregrinaciones, estaban inmersos en la vivencia de lo sobrenatural sin menoscabo de la alegría digna y delicada ... » [167].

Fue uno de los grandes promotores de un movimiento de vocaciones tardías.

«Merece consignarse –dice Manuel Martínez Pereiro (Cf.)–

la espléndida floración de vocaciones sacerdotales y religiosas que se produjo entre los jóvenes al terminar nuestra guerra como fruto indudable de la gracia de Dios y de la acertada siembra espiritual que se hizo entonces, bien impulsada por

Manuel Aparici» [168]. «La persecución religiosa había reducido sensiblemente el número de sacerdotes y religiosos» [169] ... « ... había dejado miles de huecos por cubrir en el sacerdocio. La mies estaba harto necesitada de operarios del Señor. Una Juventud de Acción Católica convocada a hacer de España una “Cristiandad ejemplo” sería un vivero de

vocaciones ... » [170].

« ... Fue uno de los grandes promotores de un movimiento de “vocaciones tardías”. Discípulos suyos incrementaron todos los Seminarios y Noviciados» [171]. «Fue el pescador y gran pescador –asegura el Rvdo. Manuel Pérez Barreiro– ... » [172]. «Fueron los que entonces se llamaba “vocaciones tardías”, que superaron ampliamente el número de 2.000: Maximino Romero de Lema, Mauro Rubio, los hermanos Roca, Raimundo Paniker, Federico Suárez, Federico Sopeña … Y el adelantado de todos, él ... » [173]. «Con él acudieron también a la llamada de Cristo un Consejero, un Decano y seis Propagandistas del Consejo Superior» [174]. Orientó y alentó un gran número de vocaciones a la vida sacerdotal, religiosa y consagrada.

«Pasan del medio centenar las vocaciones sacerdotales –anota en su Cuaderno– que Él ha suscitado valiéndose de mi miseria como de instrumento inmediato y se acercan a dos millares las que suscitó utilizándome como instrumento mediato. De otros grupos de almas han surgido: los restauradores de la Orden Jerónima, vocaciones misioneras como las de Gabriel R. Llanos y Ángel R. Carrasco y Carmelitas descalzas como Carmen Rivera ...; además de estos casos están los mártires y los que todavía en la Juventud de Acción Católica  hambrean que se les ayude a la máxima entrega; aquí mismo tengo a Mauro, Miguel, Ricardo, José Luis Benito y Guillermo Gesta en quienes lo que el Señor me hizo decir influyó extraordinariamente».

Años después, en febrero de 1959, siendo Consiliario Nacional, le revela a Sor Carmen desde el lecho del dolor que « ... El treinta por ciento de los filósofos y teólogos de los Seminarios de España llegó a ellos por la gracia que Dios les concedió a través del apostolado del Consejo Superior de la Juventud ... ».

Veinticinco años más tarde, en julio de 1994, «se celebraba en la iglesia de las Descalzas Reales, de Madrid, la apertura de su Proceso para la Beatificación .... Al terminar las protocolarias ceremonias, el Obispo que la presidía, Mons. Francisco Javier Martínez Fernández, [hoy Arzobispo de Granada], invitó a los asistentes a que si alguno sabía algo sobre el Siervo de Dios, Manuel Aparici, ... lo dijese. Se levantó ... un clérigo, en el que reconocí enseguida al Obispo–Director de las Obras Misionales Pontificias y fundador de esta revista “Supergesto”, Mons. José Capmany, recientemente fallecido (d.e.p.). Dijo que ... él debía su vocación, su formación y su ejercicio sacerdotal a Manuel Aparici. Por su ejemplo había militado en el apostolado seglar, y cuando Aparici al final de la Guerra Civil dijo que una de las tareas de los jóvenes de Acción Católica era cubrir las bajas que la guerra y la persecución habían dejado en las filas del sacerdocio, él se dio cuenta de que era verdad y de que él era uno de los llamados e ingresó en el Seminario» [175].

De su preocupación por ayudar a los sacerdotes ya se tiene constancia, como seglar, por su Diario:

«Hoy –23 de julio de 1939– recordando la penuria de los sacerdotes … se me ha ocurrido organizar una campaña de austeridad y sacrificio en la Juventud de Acción Católica destinada a promover una suscripción para sostener el clero español.

»En mí puede consistir en dejar de fumar y en tomar los menos taxis posibles. Así, independientemente de lo que pague en Madrid, podré enviar por lo menos treinta pesetas al mes al Primado destinadas a estipendio de Misas. De esta forma, en las cinco o seis Misas que mensualmente puedan celebrarse a mi intención, estará mi sacrificio, junto al del sacerdote y al del mismo Jesucristo Nuestro Señor. Además que no podrá decirme el Señor: “Tuve hambre y no me diste de comer”.

»En la Juventud esta campaña puede destinarse a preparar nuestra peregrinación a Santiago. Intención de las Misas: personal del donante y santificación de los jóvenes y éxito de la Peregrinación a Santiago».

Al cesar en la Presidencia Nacional echó sobre sus hombros la tarea de buscar ayuda económica a los que un día fueron sus presididos y a quienes ahora el Señor llamaba a su sacerdocio, y tenía fundadas esperanzas de, antes de internarse en el Seminario, dejar esto bien montado con algunas de las personas que le venían ayudando en la labor económica.

« ... Hasta ahora –le dice a D. José Ignacio Isussi [176]el Señor no me ha desamparado y he conseguido reunir cada año alrededor de 50.000 pesetas. Este año no es que desespere; eso jamás, pero veo la cosa un poco más difícil, y por ello te ruego que también tú me ayudes en nombre propio o de la Ibarra de Sevilla que diriges. No pongo límites a tu generosidad».

En la misma fecha, y por igual motivo, se dirige, entre otros, al Excmo. Sr. Marqués de la Vega de Anzo, Banco Herrero, Oviedo [177]; al Excmo. Sr. D. Cirilo Tornos Lafite, Madrid, y a D. Alfredo Sánchez Bella, Madrid [178].

«El movimiento de vocaciones sigue bien –le dice a Maximino Romero de Lema y a Vicente Puchol el Domingo de Resurrección de 1942–; ahora D. Luis Despujols me ayuda en la labor económica y ya tengo esperanzas de dejar esto bien montado de acuerdo con D. Emilio y Antonio antes de internarme, que será Dios mediante en el curso que viene».

Además de ayuda económica, gestionaba por aquellos años (1941, primer año de seminarista), según consta en su Diario,  víveres de Capitanía para el Seminario y realizaba gestiones en Aduanas para los libros del Seminario.

Y, como contrapartida, pedía a los seminaristas que «pidiesen en la oración para que la semilla que se desparrama a voleo por España prendiera en la tierra de los seres generosos y fructificase en donativos» [179].

«De su etapa de Seminario, quiero recoger –dice Manuel Martínez Pereiro– su preocupación y esfuerzo por ayudar económicamente a los compañeros que lo necesitaban [así como a seminaristas de otros Seminarios de España y a religiosos residentes en el extranjero que se dirigían a él, algunos sin conocerle], pero sabiendo de su gran corazón fruto de su caridad, de su amor al sacerdocio, y de sus buenas relaciones y amistades con quienes contribuían generosamente a las necesidades ... » [180].

Más tarde, siendo estudiante en Salamanca,–«pidió limosna en Madrid para apuntalar la economía del Colegio; agenció becas y viáticos, compró muebles para una salita de estar, etc. Además, «a más de un compañero le facilitó ayudas de parte de personas ajenas a la comunidad del Colegio» [181]. «Buscaba y conseguía recursos para reducir al mínimo los gastos personales de los residentes y dar posibilidades a los sacerdotes con menos recursos de que estudiaran allí» [182].

Por otro lado, eran muchas las personas que también le ayudaban en esta su callada y caritativa tarea de ayuda a sacerdotes y seminaristas.

He aquí el bello testimonio de una de esas muchas almas gene-rosas que le ayudaba gozosamente en esta su callada y caritativa tarea de ayuda a sacerdotes y seminaristas:

«No solamente no me ha molestado –le decía Enrique, de Madrid [183]– que me pidieses con toda libertad para los seminaristas, sino que, al contrario, me ha agradado mucho, porque, como ya te decía en otra de mis cartas, después de bien pensado, me parece que es una de las caridades que más han de agradar a Dios. Y de esa libertad debes usar siempre.

»Además, me ha llegado al alma que, por las circunstancias difíciles de la vida, haya muchos que, a pesar de la magnífica labor y desprendimiento del Seminario, tengan que pasar necesidades, principalmente en una edad que es la del desarrollo y necesita atenderse a la salud para bien del propio espíritu en último extremo.

»Hace ya tiempo que tenía proyecto de emplear una cantidad en una obra caritativa, y estaba vacilante ante qué empleo darle, y da la casualidad providencial de que, cuando iba a llegar el momento de tener que invertir ese dinero en alguna limosna, me ha llegado tu petición.

»Se lo he dicho también a mi padre y me ha dado también una cantidad para que te la entregue. En total son 5.500 pesetas, que no resolverán el problema que existe, pero que espero te sirvan para ayudar a algunos que más lo necesiten.

»También me ha dicho mi padre que querría suscribirse con una moderada cantidad mensual fija y te ruego me indiques cómo puedo hacerlo.

»Como ya sabes que yo tengo muchos libros, demasiados libros ... quisiera regalar, si te parece oportuno y que ha de ser útil, bastante de ellos al Seminario y a los seminaristas. Tratan de Teología, Historia Religiosa, Ascética, Mística, Filosofía, etc., etc. y tú podrías, si te parece, distribuirlos entre los seminaristas que no puedan gastar mucho o algunos nada, y así les sería útiles para el día de mañana. Otros más profundos, o más a propósito para una biblioteca, podrían ser para la del Seminario. En fin, tú me dirás si quieres que te los envíe.

Lo único que quiero rogarte es que no digas mi nombre en ninguno de los donativos que te hago o pueda hacer, de cualquier clase que sean; siempre puedes decir que es un amigo tuyo. Esto sí que te lo pido muy seriamente, y se que lo harás y respetarás mi deseo ... ».

La ayuda llegaba a todos, según sus necesidades. Ninguno quedaba defraudado.

  «Ya era hora, que te pusiera, siquiera, unas letras al menos acusando recibo del giro de las mil pesetas ... Pues bien, en esta situación de ánimo, que ya supondrás, me llegó tu carta y ni que decir tiene que empecé a reflexionar sobre su contenido y a seguir con más vehemencia a Jesús y aquí me tienes ya “tonsurilla” y dispuesto a examinarme a fin de enero de primero de Teología ... Con gran ansia espero el envío de las fichas que me anuncias en la tuya ... » [184].

  «Aún me acuerdo de aquella tarde, domingo víspera de nuestra entrada en el Seminario, cuando paseábamos por los claustros ... Sobre aquello ... si puedes mandarme como el año pasado (doscientas) te lo agradecería» [185].

Un mes después le escribe nuevamente.

« ... Que Él te bendiga, una vez más, con ese rocío sobrenatural de su gracia para que haga tu sacerdocio, cada día más cerca, eternamente fecundo en frutos de gloria de Dios y bien de las almas.

»... ¡Cuánto me alegra que me hables largamente de Él! Estos son mis deseos: hazlo así siempre aunque de mí no recibas sino estas palabras tan cortas y estas ideas tan secas ...

»... ¡Cuánto me alegra la idea de que el día de mañana, contando con su ayuda, desde el púlpito, desde el confesionario, en charlas íntimas ... podré entusiasmar a almas, principalmente jóvenes, con la fuerza de Jesucristo! ...

»Un millón de gracias por tu giro».

  « Antes de venirme [al sanatorio. Los médicos habían iniciado el neumotórax en el lado izquierdo con posibilidades de futuros contratiempos] recibí el dinero que por Urbina me enviaste. Ya di al Señor las gracias, pero, no obstante eso, te las doy a ti ahora ...

»Ya se va acercando junio y con él la hora de tu consagración sacerdotal. Cooperaré a tu preparación y a la de mis queridos condiscípulos ofreciendo al Señor mi vida de sanatorio, sobre todo la parte que suponga un sufrimiento positivo ... » [186].

  José Manuel, sacerdote de Barbastro, le decía: « ... Y el manteo, Dios proveerá. Ya te avisaré cómo sale la cosa, pues si pudiéramos atajar el mal en sus principios creo que el socorro que te he pedido sería una ayuda muy buena y que no te molestaría mucho más”

»... ¡Ya ves lo bien qué paga el Señor! Cinco días de misión, un billete grande. (Y en secreto: No hay como no sacar un céntimo del trabajo para que Dios se encargue de todo) ... Me he acordado de que una tarde, en un 49, hace años  me decías: “¿Tú contemplativo? Pero si eres de los tipos más activos que conozco”? Ahora pide mucho por mí para que no me despiste otra vez y sepa por fin qué camino debo andar ... » [187].

–  «He leído tu carta, toda caridad, como tú sólo sabes expresarla. Sí, me siento muy unido a ese gran ideal de caridad de Cristo hecha vida en las almas de los hermanos. Tú ahí, nosotros aquí. Tú más tarde ... Siempre unidos en el corazón de Cristo.

»Creo que te comprendo ahora más que nunca, y aunque, como Llanos, no he tenido esa intimidad del hermano que se abre, no por eso dejo de aprovecharme de tus

ansias ...

»Nuestra vida ... transcurre en el esfuerzo diario por la caridad sin perder de vista la meta ansiada del sacerdocio ...

»¡No te puedes imaginar que alegrón he recibido cuando el P. Maestro me ha dicho que nuestro Ángel ha pedido su admisión! Me estoy gozando ya de antemano con verle llegar.

»Sí, tú me lo has preparado, tú los has infundido la santa ansia de las almas que te consume. Nunca te he hablado así, pero es una realidad ...

»Está de más decirte que sigas prodigando, como hermano mayor, tu luz y tu ansia, a nuestro querido Ángel.

»Pónmele al rojo vivo.

»Se me olvida expresarte toda mi gratitud por tus atenciones [nos dice de qué atenciones se trata]» [188].

«Ya puedes imaginar –le decía D. Juan Ricote, Rector del Seminario Conciliar de Madrid–Alcalá, más tarde Obispo Auxiliar de la Diócesis y posteriormente Obispo de Teruel– [189], la alegría de Soler [190] al comunicarle que te encargabas de su pensión. Realmente para él era un problema de solución muy difícil. Así ahora puede estar tranquilo, preocupándose únicamente de su formación sacerdotal. Y como prueba de que has sido diligente [191] en tus gestiones, acabo de recibir mil pesetas que me envía D. Cirilo Tornos para ayuda de la pensión de Soler “en vista de la indicación que me hace D. Manuel Aparici”» [192].

  «... Van ya a coronarse los cinco meses que hace que tomé posesión de mi cargo y todavía no he encontrado casa. Estoy en Madrid viviendo aunque tengo que ir todos los días a Getafe a celebrar y varios días dos veces, por la mañana y por la tarde, por eso te digo que, sin hacer nada que valga la pena, tengo el tiempo medido, pues se me va parte en el viaje y en esperar los coches teniendo que ir poco menos que a remolque en todas las cosas. No encuentro ni casa, ni pensión, ni pupilos pues de todo he buscado y sigo buscando sin sacar nada en limpio. Así que ya ves los inconvenientes que esto tiene. Además de no poder trabajar en nada de una manera seria y ordenada, son unos gastos los que tengo en viajes que no tenía por qué tenerlos. D. Casimiro ya lo sabe porque se lo he dicho yo, pero la contestación ha sido que vea la manera de arreglarme, y yo no veo solución.

»Te doy las gracias por tu atención para conmigo, como siempre las has tenido, por esos estipendios que me mandaste y más que darte las gracias pido al Señor que Él te lo pague como sabe hacerlo en su moneda corriente ...

»Yo quitadas esas dificultades, y otras que ya te dije en otra ocasión, y que son de difícil solución, “por lo demás bien” (frase ya célebre del Seminario de la crítica de improvisación). Por lo demás digo que estoy contento con mi sacerdocio, y más que contento, soy feliz ... » [193].

  «Es una pena que haya clero diocesano de Hungría y de Australia y no lo haya de España ... que haya tantos religiosos canadienses, brasileños, mejicanos, colombianos y hasta luxembur-gueses (por citar países raros) y apenas haya un puñado de estudiantes jesuitas y los buenos PP. Dominicos perdidos en una de las islas lejanas del Japón.

»Así que, ayúdanos por caridad –le pedía Ricardo Martínez, sacerdote [194]–. Que la caridad empieza por los más necesitados y el Japón entre los países abiertos hoy al Evangelio es el más necesitado y con urgencia ... ».

En la misma carta, Paco Roca le decía: «Pronto me van a dar Parroquia y necesitaré más limosnas que hasta ahora, pues tendré que comer de mi bolsillo y pagar profesores de lengua, dar de comer a Velasco, que está aquí conmigo, y hacer propaganda un poco en serio. Yo te suplico que no te olvides de estas almas del Japón».

  «[...] Comienzo, pues, repitiendo lo que tantas veces he hecho contigo y con el P. Valbuena; como tanto he recibido de vosotros, y de ti he recibido además el regalo de las vacaciones de este verano, comienzo diciéndote: Gracias “ex toto corde” ...

»¿Te enfadaste más? Creo que tú, que eres tan bueno, me habrás perdonado.

»Bueno, querido Sr. Abade, quisiera ser cada día más de Jesús y según Jesús; Tú que robaste a Jesús tantas confidencias hazle una para y por este Abaiciño a quien tanto bien hiciste» [195].

No sólo le pedían ayuda económica sino también consejo como él lo pedía a sus amigos y hermanos en el sacerdocio.

¡Siempre al servicio de todos sin desmayo alguno!

«Hoy me llega –anota en su Diario– esa carta de Juanito García Vicente que me ha conmovido hasta lo más hondo del alma; él había adivinado mi deseo de que el Señor le llamara y me pide consejo sobre si debe ir al clero secular o al regular».

  « ... En breve empezarán a salir las crónicas sobre “Mystici Corporis Christi” y tengo interés –le decía el Vicario General del Arzobispado de Zaragoza [196]– en que me diga con toda sinceridad su parecer ... Deploro el no poder disponer de más tiempo para escribirle como se merece ... ».

  «Mi querido Capitán, ministro sagrado del altar del Buen Dios. A tus órdenes, –le decía Gabriel, Noviciado de los Misioneros de Africa, en la Pascua de Resurrección de 1947–.

»Y que nuestro Jefe Cristo Resucitado te dé las gracias a medida de las grandes responsabilidades que te confía ...

»Y le di gracias al Señor que te inspirase esa carta. Es para mí guía y resumen. Ideario de Peregrino en avanzados de Iglesia. Norma de vida. Ideal sacerdotal ...

»La santidad sacerdotal sigue siendo la meta de mi ideal, que inicié en el Seminario. O antes quizá. Me acuerdo de una conversación íntima tuya en la Presidencia del Consejo Diocesano de Madrid a principios del verano de 1942. Entonces no me conocías todavía. Y hablabas de que tu felicidad desde que eras seminarista no había sido superada por ninguna de las alegrías anteriores. Y ambicioné para mí esa felicidad ... Y esa misma felicidad la sigo gustando y cada vez en más grandes dosis ...

»Espero que en estos tus últimos meses de tu estancia con el bueno de Ángel Rodríguez nos darás tus últimas instrucciones de Capitán a tus Alféreces de

 Vanguardia ...

»Yo creo que me envidiarás un poquito sabiendo el tiempo que puedo dedicar a la oración. Aunque no olvido –pues lo oí de ti muchas veces– que hasta mi tiempo de sueño es oración ...

»De todas maneras tu carta nos sirve de ideal para todos, pues entre los que avanzamos los caminos de Dios no hay diferencias. Y si vieras qué unión reina entre todos de todos países y de toda lengua ...

»Bien sabes cuánto te agradezco lo bien que has atendido a José Larrabeiti ...

»Peregrino de Dios por caminos de infieles».

  «Paso a ocuparme de su hermano Pepele decía a Sor Carmen con fecha 10 de julio de 1947–. Cuando yo le escribí no conocía ni de “visu” lo de Salamanca, sino sólo por referencias y tenía que revestirme de doble prudencia: Primero por la vehemencia de Pepe y el gran ascendiente que mis opiniones tienen sobre él; segundo porque escribía desde un Seminario y mi carta iba a otro Seminario; pero ahora ya conozco el Colegio de Santo Toribio; en él pasé dos días; tienen sus alumnos oficialmente una hora de oración por la mañana y privadamente media por la tarde.

»El pasado curso les dirigió los Ejercicios D. Ángel Herrera y los retiros D. Santos Beguiristain, D. Pedro Altabella, D. Ángel Sagarmínaga y D. Baldomero Jiménez Duque; es decir, lo conocido como sacerdotes más apostólicos de España. El pasado curso no tuvieron más que 9 alumnos, el próximo no pasarán de 15 y en el 48/49 esperan tener construido parte del edificio destinado a Colegio Mayor Español e Hispanoamericano; desde luego la preocupación fundamental de los que llevan el Colegio (yo seguiré cooperando desde fuera) es que haya una perfecta armonía entre la formación intelectual y espiritual ...

»Dígale que el Colegio es objeto de la atención amorosa de lo mejor del clero de España; en él durante mi estancia coincidí con D. Baldomero, uno de los sacerdotes jóvenes más santos de España y hablamos extensamente, Puchol, Vicerector ..., D. Baldomero y yo; no hay prisas porque los muchachos salgan sacerdotes, sino afán porque salgan sacerdotes santos.

»Este año tienen un curso de verano en Santander, en la Casa Sacerdotal de Maliaño, fundada por D. Ángel [Herrera Oria]; de esta forma vivirán en comunidad sacerdotal y harán prácticas de apostolado con los pescadores y los obreros. El curso es en el mes de agosto y puesto que a Pepe el clima de Toledo no le sienta bien, que se vaya ese mes a Santander, sin compromiso ninguno; ahora le digo a Pepe aquello que tanto repetí de Presidente tomado del Evangelio de S. Juan: “Ve y lo verás”. Dígale que escriba en mi nombre al Rvdo. D. Manuel de Cossío, diciéndole que quiero yo que pase un mes con ellos. Aunque luego siga en Comillas que no desperdicie esta ocasión que le brinda el cielo de convivir con hermanos a quienes el Señor da vocación semejante. Yo escribiré a Manolo Cossío para que le admitan ese mes de agosto ... ».

  « ... Creo que su carta me hará muchísimo bien a juzgar por la platiquita tan substanciosa que me dio en la habitación uno de los últimos días de Ejercicios. Gracias a Dios la cosa va bastante mejor ...

»Tenga la bondad de decirme algunos libros útiles para el día de mañana de

sacerdote ...

»Encomendándome a sus oraciones y esperando sus sabios consejos, queda de

Vd. ... » [197].

Pero él también pedía consejo [198].

«La primera impresión al leer fue muy favorable –le decía el Rvdo. P. Escobar, Consiliario Diocesano de Oviedo– [Manuel Aparici le pedía su parecer sobre el Compromiso Mariano]. Se perfilan ideales excelentes que darían una verdadera tónica a la vida

juvenil ...

»De todos modos yo soy un soldado más de filas (entre los Consiliarios) y con gusto obedeceré cuantas consignas vengan de ti».

 

Dejaba en todos una impronta de celo sacerdotal y espíritu apostólico dignos de admiración

«Al frente de la Juventud de Acción Católica –escribe SIGNO el 19 de marzo de 1951– está un sacerdote salido de sus filas, santificado en su apostolado, entregado totalmente a la Obra, antes como Presidente y ahora como Consiliario Nacional.

»De los Seminarios están saliendo sacerdotes con ese mismo amor a la Juventud, y en los Seminarios se están formando legiones de futuros Consiliarios que sueñan, rezan, estudian y se ensayan pensando en nosotros [los jóvenes].

»¡Qué bien se entendía D. Manuel con los seminaristas ... No es posible ser pesimista viendo a aquellos seminaristas con la Juventud».

¡Qué charlas, Ejercicios, retiros, etc. les dedicaba!

En junio de 1952 el Cura Ecónomo de San Juan Bautista de Benalúa, Diócesis de Orihuela–Alicante, le decía que esperaba presentar al Sr. Obispo el programa que le indicaba que desarrollaría en el Seminario a los nuevos sacerdotes y que han cantado Misa en los últimos cinco años; serán por lo menos unos cincuenta. Y añadía: El Sr. Obispo está muy ilusionado.

Muchos, a pesar de los años transcurridos, guardan todavía un grato recuerdo de su persona y conservan con interés ideas expuestas por él, con gran claridad y una cierta novedad en la exposición, que les sirven de reflexión y de conducta, pues «dejaba en todos una impronta de celo sacerdotal y espíritu apostólicos dignos de admiración» [199].

«Que el Señor te colme de bendiciones y te haga un santo en el estado sacerdotal –le deseaba Juan Miranda González, Ingeniero Agrónomo, de Madrid– ... » [200].

¡Qué gran corazón sacerdotal el suyo!

[166]  Escrito sin fecha (C.P., p. 8483).

[167]  Sus cartas de fechas 3 de noviembre de 1989 y 24 de agosto de 1993.

[168]  De esta misma opinión son otros testigos, entre ellos el Rvdo. Antonio Santamaría González.

[169]  Alejandro Fernández Pombo.

[170]  Manuel Vigil y Vázquez.

Entre otros testigos, también lo afirma Alejandro Fernández  Pombo.

[171]  Rvdo. Miguel Benzo, Consiliario de la Junta Nacional en ECCLESIA de fecha 5 de septiembre de 1964.

[172]  Su carta de fecha 3 de noviembre de 1989.

[173]  José Artigas. RAZÓN ESPAÑOLA, núm. 67, septiembre de 1950 (C.P., p. 9271).

[174]  Memoria General del Curso 1940/1941 del Consejo Superior de los Jóvenes de Acción Católica y Guía de la Iglesia y de la Acción Católica Española. Año 1943.

[175]  SUPERGESTO, octubre de 1995.

[176]  Carta de fecha 23 de septiembre de 1946.

[177]  Además, le decía: «Si de su buen amigo el Marqués de Aledo pudiera conseguirme alguna ayuda».

[178]  Le remitía, además, nota relativa a tres muchachos, cuyos datos personales le daba a conocer.

[179] Carta de Manuel Aparici, seminarista, de fecha 23 de septiembre de 1946, a Edistio Sancho y G. de Manzanares, Moral de Calatrava, Ciudad Real, en contestación a una suya y de Cristóbal.

[180]  Entre los seminaristas ayudados, que se conozcan, figuran: Mauro Rubio Repullés, Juan Fernández Poncini, Julio López, Ramón Lledó, Ponciano, Reyero, Rafael Fernández Yparraguirre, Luis José Alonso, Soriano, Antonio Muñoz Lambrea, Estepa (¿Mons. Estepa, Arzobispo Castrense?), Fagilde, Alfredo Díaz, Bernabé Montero, Astilleros, Segui, Montaner, Garrigós, Edistio, Cristóbal, Pedro Álvarez Soler, Olavarría, Nuret y Laguna.

[181]  Rvdo. Manuel Pérez Barreiro.

[182]  Rvdo. Antonio J. Sanchís Martínez

[183]  Su carta de fecha 26 de abril de 1947.

Entre otros le ayudaban también Alberto Martín Artajo, Javier Aznar, Ibáñez, Tornos, Ángel Vegas, etc.

[184]  Matías Gualda, de Jaén (Su carta de fecha 24 de diciembre de 1943).

[185]  Manuel López Vega, de Sevilla (Su Carta de fecha 2 de noviembre de 1946).

[186]  Alfonso (Su carta de fecha 28 de marzo de 1947).

[187]  Su carta de fecha 31 de marzo de 1947.

[188]  Saturnino, Noviciado de Santa María, Padres Blancos (Su carta de abril de 1947).

[189]  Su carta de fecha 15 de octubre de 1947.

[190]  «Sobre su enfermedad [la de Manuel Aparici]–dice Mons. Maximino Romero de Lema en su testimonio (Cf.)– tenía noticias por Pedro Álvarez Soler que le atendía con mucha solicitud, con espíritu fraternal; le ayudaba a celebrar la Misa en su casa, cuando ya no podía celebrar en la Iglesia; y cuando ya no podía celebrar, él le llevaba la comunión todos los días ... ».

[191]  «Diligente –decía Manuel Aparici–, participio activo del verbo diligere (amar), indica que el que ama debe estar dispuesto a hacer lo que el amado quiera, pronto» (Mons. Jesús Espinosa Rodríguez).

[192]  Existen, además, recibos fechados el 26 de septiembre de 1947, firmados y sellados por el Mayordomo del Seminario Conciliar de Madrid, acreditativos de las cantidades recibidas de Manuel Aparici por el primer plazo de la pensión de siete seminaristas.

[193]  Eustaquio, sacerdote de Madrid (Su carta de fecha 21 de noviembre de 1947).

[194]  Su carta de fecha 18 de octubre de 1950.

[195]  Rvdo. Manuel Pérez Barreiro (Su carta de fecha 5 de octubre de 1953).

[196]  Su carta de fecha 30 de diciembre de 1944.

[197]  Francisco Moreno, seminarista (Su carta de fecha 2 de febrero de 1953).

[198]  Traemos aquí un sólo testimonio, porque en mayo de 1953 –como ya se ha dicho– rogaba a todos los Consiliarios Diocesanos de los Jóvenes de Acción Católica le expusieran su parecer, con toda libertad sobre el tema, cuyo anticipo de ponencia y elemento de trabajo les enviaba.

[199]  Mons. Jesús Espinosa Rodríguez.

[200]  Su carta de fecha 6 de junio de 1947.

Peregrinar es caminar por Cristo al Padre, a impulsos del Espíritu Santo, con la ayuda de María y llevando consigo a los hermanos".

 

Manuel Aparici.

Este sitio se actualizó por última vez el 15 de mayo de 2009

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